Actualizado al: 12/02/2026
-
Título: La cerca y la conciencia
Escenario:
Salón de clases universitario.
Cuatro pupitres al frente, el profesor camina entre ellos.
En el pizarrón escribió: “Límites, conciencia y libre albedrío”.
---
Personajes:
· Profesor Gerardo — anciano, sereno, mirada firme, pausado.
· Santiago — reflexivo, algo callado, tiende a examinarse a sí mismo.
· Kevin — pragmático, impulsivo porque racionaliza con facilidad, pero no malintencionado.
· Eva — niña pequeña, invitada especial, mirada limpia y corazón inocente, voz suave, ansía comprender.
· María Fernanda — acostumbra a ser drástica, convicción firme, modos pausados pero contundentes, espíritu puro.
Escenario:
Salón de clases universitario.
Cuatro pupitres al frente, el profesor camina entre ellos.
En el pizarrón escribió: “Límites, conciencia y libre albedrío”.
---
Personajes:
· Profesor Gerardo — anciano, sereno, mirada firme, pausado.
· Santiago — reflexivo, algo callado, tiende a examinarse a sí mismo.
· Kevin — pragmático, impulsivo porque racionaliza con facilidad, pero no malintencionado.
· Eva — niña pequeña, invitada especial, mirada limpia y corazón inocente, voz suave, ansía comprender.
· María Fernanda — acostumbra a ser drástica, convicción firme, modos pausados pero contundentes, espíritu puro.
---
TEXTO
"¿Cómo saber si un acto de uno es un pecado, y qué hacer ante ello?
Supongamos que alguien encuentra una condición del terreno que por su forma, sugiere que el límite entre su propiedad y la del vecino fue mal trazado y ¡qué bien sería corregir ese límite para ajustarlo a esa realidad! De inmediato aparecen un montón de justificaciones para esa acción, lo cual le va dando valor: de por sí, ese vecino tiene mucha tierra, de por sí ese vecino nunca llega a revisar su tierra, si en un futuro hubiera un reclamo, se regresaría esa cerca a donde corresponda, pero si las autoridades así lo ordenan.
Este es un proceso muy breve, pues, pese a que las personas suelen actuar con indolencia y hasta llegan a la procrastinación, dejando pasar el momento para las decisiones, en este tipo de asuntos todo ocurre muy rápido: lo hago o no lo hago. No hay consultas, no hay verificaciones; es más, se actúa en secreto, en lo oculto y con rapidez, para luego disimular el cambio sembrando y asemejando el terreno así "adquirido" al de uno.
Hay, en medio de estas acciones, un dilema de conciencia que las gentes suelen solucionar muy a la ligera, simplemente desoyendo toda prevención, si es que su conciencia alcanza el nivel esperado. También hay experiencias de otras personas que deben ser analizadas como modelo de lo que puede ocurrir, pero también, algunas personas superan toda prudencia y sucumben a la tentación.
Mentamente, se dicen: si no se da cuenta es porque no ocupa el terreno, la tierra es del que la trabaja, si un juzgado me condena, la devuelvo.
Una vez hubo una voz que le decía:
Sí, correr una cerca dentro del terreno de tu vecino es moralmente incorrecto porque invade su propiedad privada, viola el respeto a los límites, y puede ser ilegal, generando conflictos, desconfianza y un daño a la buena relación vecinal, y si se hace intencionalmente, es una falta a la honestidad y la justicia.
Pero él sigue adelante, y no sería capaz de atender a algo más drástico y superior, como la deshonra familiar, el dolor del ofendido, y el pecado cometido.
Si tuviera restos de integridad, abriría su Biblia y se encontraría:
Deuteronomio 27:17: "Maldito el que reduzca el lindero de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén".
Deuteronomio 19:14: "No moverás los linderos de tu prójimo, fijados por los antepasados, en la herencia que recibirás en la tierra que el Señor tu Dios te da en posesión".
Proverbios 23:10-11: "No engañes a tu vecino cambiando de lugar los antiguos límites de propiedad ni te apropies de la tierra de huérfanos indefensos. Pues el Redentor de ellos es fuerte; él mismo levantará cargos en tu contra".
Dejemos esa trama que sirvió de ejemplo y meditemos lo siguiente:
-nuestro propio juicio no resulta siempre válido para sustentar importantes decisiones.
-la conciencia actúa oportuna y drásticamente, pero el libre albedrío de la persona le permite manejar límites a su antojo.
-solo quien estudia a fondo La Escritura encuentra ejemplos y Mandamientos específicos para guiar con luz nuestros pasos en todas las ocasiones que sea necesario.
-por lo anterior, nadie podrá aducir que ignoraba que sus actos eran pecaminosos".
(La clase ha escuchado la lectura del texto. Silencio breve. El profesor Gerardo se apoya en el borde del escritorio y mira a cada uno.)
Profesor Gerardo:
—Entonces, ¿cómo saber si un acto de uno es pecado, y qué hacer ante ello?
El texto nos plantea un caso concreto: mover el lindero, ganar terreno ajeno, disimularlo. Pero el lindero puede ser muchas cosas: un límite moral, una promesa, la propiedad ajena, la fama del otro. Santiago, vos que solés poner el dedo en la llaga: ¿qué te parece ese hombre que corre la cerca?
Santiago:
—Me incomoda, profe Gerardo. Porque el texto muestra que sí piensa, sí se detiene un momento… pero solo para justificarse. «El vecino tiene mucha tierra», «no se da cuenta»… Se arma una coraza de razones. Pero sabe que está mal. Y lo que más me preocupa es esto: si él hubiera hecho una pausa genuina, si se hubiera preguntado en serio «¿esto es correcto?», habría tenido que investigar su propia conciencia. Pero no quiso. Prefirió no hacerse la pregunta. Y eso, me parece, ya es una respuesta.
Kevin:
—Bueno, pero en la práctica, ¿quién no ha pensado algo así? No digo que esté bien, pero el mundo funciona con esas pequeñas astucias. Si nadie reclama, ¿cuál es el daño real? Además, dice que si un juzgado lo condena, lo devuelve. O sea, no es un robo planeado hasta el final.
Yo creo que el problema no es que la gente no investigue su conciencia; es que a veces la conciencia misma no es clara. Uno puede creer sinceramente que está en lo correcto.
Eva:
(Con las manos juntas sobre el pupitre, inclinándose un poco hacia adelante.)
—Profe Gerardo… yo no entiendo bien eso de que «la conciencia no es clara». Cuando uno hace algo mal, ¿no siente algo aquí? (Se toca el pecho.) Como un ruidito, como cuando vas a tomar algo que no es tuyo y la mano se te queda quieta. Ese hombre del texto, el de la cerca, ¿no sintió ese ruidito? Porque si lo sintió y siguió, entonces sí sabía. Solo que no quiso escuchar.
Profesor Gerardo:
(Sonríe con suavidad.)
—Eva acaba de dar en el centro. Ese «ruidito» es la conciencia. Y el texto dice que actúa «oportuna y drásticamente». No llega tarde.
El problema es que el libre albedrío puede bajarle el volumen, o incluso silenciarla del todo. Pero eso no significa que la conciencia no haya hablado. Significa que alguien decidió no oír.
María Fernanda:
—Con perdón, Kevin, pero no es lo mismo «no estar seguro» que «no querer saber». El hombre del texto no está en una zona gris. Él sabe que ese terreno no es suyo. Lo sabe desde el principio. Lo que hace es construir excusas. Y eso es lo grave: porque si uno está de buena fe y duda, va y consulta. Le pregunta a alguien, verifica documentos, o si es creyente (como el hombre del texto, porque luego abre la Biblia aunque sea al final) pues abre la Biblia antes. No después de haber movido la cerca. El deber es investigar la conciencia y la Escritura primero. No cuando ya el daño está hecho y solo buscás justificación.
Santiago:
—Ahí hay algo, profe. El texto dice: «solo quien estudia a fondo la Escritura encuentra ejemplos y mandamientos específicos para guiar con luz nuestros pasos». O sea, no basta con tener una Biblia en la casa. Hay que estudiarla. Porque si no la estudiás, cuando llegue el momento de la tentación, no vas a tener ese versículo y enseñanza a mano. Y entonces tu propio juicio, que es débil y egoísta, va a llenar ese vacío con justificaciones.
Kevin:
—Pero Santiago, ¿cuánta gente tiene tiempo de estudiar a fondo la Escritura? La vida es ajetreada, hay trabajo, hay familia…(dijo, con cierta razón)
María Fernanda:
(Con voz pausada pero firme.)
—Kevin, ¿cuánto tiempo pasamos decidiendo qué comprar, qué series ver, qué opinión nos conviene más en una discusión? El tiempo no es el problema. La prioridad es el problema.
El texto es claro: «nadie podrá aducir que ignoraba que sus actos eran pecaminosos». Porque los mandamientos están ahí, los ejemplos están ahí. Si no los conozco, es mi responsabilidad no haber ido a buscarlos. Yahweh no esconde la verdad; la pone delante de nosotros. Otra cosa es que cerremos los ojos.
Eva:
—Entonces, María Fernanda… ¿el señor de la cerca no puede decir «yo no sabía»?
María Fernanda:
—No, Eva. No puede. Porque en el fondo sí sabía. Y si de verdad hubiera dudado, habría ido a preguntar. Pero no fue. No quiso que nadie le dijera que estaba mal. Prefirió la oscuridad. Eso es lo que duele: que a veces no investigamos porque tememos lo que vamos a encontrar.
Profesor Gerardo:
—Eso es muy profundo, María Fernanda. Y nos lleva a la pregunta de Eva al principio: ¿qué hacer cuando uno ya está en eso? ¿Cuando ya corrió la cerca?
Silencio. El profesor mira despacio a cada uno.
Santiago:
—Creo que lo primero es detenerse. El hombre del texto no se detuvo; siguió. Pero si uno se descubre a tiempo, el primer acto de justicia es parar. No seguir avanzando sobre el terreno ajeno solo porque ya empezaste. Y luego, restaurar. Pero para eso necesitás admitir que te equivocaste, y eso duele.
Kevin:
—¿Y si restaurar es muy costoso? ¿Si implica un conflicto grande, o perder algo que ya considerabas tuyo?
María Fernanda:
—El costo de restaurar es siempre menor que el costo de vivir con un pecado no confesado. El texto menciona Deuteronomio: «Maldito el que reduzca el lindero de su prójimo». No hay bendición sobre lo que se adquirió mal. Aunque nadie lo sepa, aunque parezca que nadie se da cuenta, esa maldición opera. Te endurece el corazón. Te enseña a justificarte. Y al final, ya ni siquiera sentís el ruidito del que hablaba Eva.
Eva:
(Con el gesto de querer resaltar lo obvio.)
—Entonces el ruidito no es solo para decir «esto está mal». También es para decir «esto que hiciste está mal, arreglálo». ¿Verdad, profe Gerardo?
Profesor Gerardo:
—Así es, Eva. La conciencia no es solo una alarma que suena antes; también es una voz que duele después. El problema es que podemos acostumbrarnos a ese dolor, ignorarlo, taparlo con más justificaciones. Por eso el texto nos invita a meditar: nuestro propio juicio no resulta siempre válido. Necesitamos una luz externa. Y esa luz, para el creyente, está en la Escritura.
María Fernanda:
—Y hay algo más, profe. El texto dice que la voz de la conciencia fue clara: «correr una cerca dentro del terreno de tu vecino es moralmente incorrecto». Esa voz no era confusa. Era directa. Pero él la desoyó. Y entonces el texto sugiere: «Si tuviera restos de integridad, abriría su Biblia». La integridad no es no haber pecado nunca; es, cuando pecás, no endurecerte. Es estar dispuesto a ser corregido.
Santiago:
—Eso me hace pensar en la diferencia entre remordimiento y arrepentimiento. El remordimiento es «me descubrieron, qué pena». El arrepentimiento es «ofendí a Yahweh y al prójimo, y quiero reparar». El hombre del texto no llegó al arrepentimiento. Se quedó en el cálculo y en la comodidad del remordimiento.
Kevin:
(Después de un momento.)
—Está bien… acepto que el ejemplo es claro y que el hombre actuó mal. Pero ¿cómo se hace en la vida diaria? No todo es tan evidente como mover una cerca. A veces los límites son borrosos. Uno no sabe si está siendo injusto o solo prudente. ¿Cómo se discierne?
Profesor Gerardo:
—Buena pregunta, Kevin. El discernimiento no nace de la improvisación. Se cultiva. Y se cultiva, primero, con el hábito de examinar la conciencia. No solo cuando la decisión ya está encima, sino cada día. Preguntarse: ¿mis actos de hoy reflejan lo que creo? ¿He sido justo, honesto, misericordioso? Y segundo, con el estudio constante de la Escritura. Porque cuando ya conocés los mandamientos, cuando ya has meditado en los proverbios y en las leyes, entonces, al llegar la duda, no llegás con las manos vacías. Llegás con luz. En este nivel, ya no te va a parecer disfuncional el meditar acerca de la Palabra antes de una decisión, pues tus actos ya estarán marcados por esa sabiduría; es algo parecido a cuando practicás muchas veces una jugada de futbol y luego la hacés casi sin pensar.
María Fernanda:
—Y llegás ante tu conciencia con preguntas hechas. Por ejemplo: ¿esto edifica? ¿Esto ama al prójimo como a mí mismo? ¿Esto honra a Yahweh? Si uno se acostumbra a preguntarse eso, mover una cerca se vuelve impensable. Porque el corazón ya está entrenado para otro Reino.
Eva:
—Ojalá el señor de la cerca hubiera preguntado todo eso antes. Quizás no se habría sentido tan solo cuando la voz le habló.
Profesor Gerardo:
—No se sintió solo, Eva. Esa voz era compañía. Él prefirió quedarse solo con su tierra y su silencio.
(Pausa larga.)
Santiago:
—Entonces, ¿qué hacemos con el texto? ¿Qué nos deja?
Profesor Gerardo:
—Nos deja con una responsabilidad: la de no ser ese hombre. La de detenernos antes, consultar, verificar, abrir el Libro. Y si ya hemos corrido la cerca, tener la entereza de correrla de vuelta. Eso es integridad. Eso es justicia. Y eso, al final, es lo que Yahweh pide.
María Fernanda:
—«Maldito el que reduzca el lindero de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén».
Eva:
(En voz baja.)
—Amén.
Kevin:
(Asintiendo lentamente.)
—Amén.
Santiago:
—Amén.
Profesor Gerardo:
—Para la próxima clase, traigan un caso real (sin nombres) donde hayan visto una especie de lindero movido. Y lo que pasó después.
Fin
-
LOS DIEZ MINUTOS:
El ser humano viene diseñado para múltiples facetas de vida, una de ellas es la capacidad de adquirir hábitos que le ordenen a la vez que simplifiquen algunos aspectos de su diario vivir.
Si los hábitos son "buenos", lo más probable es que su vida sea correctamente fructífera y práctica. Si aquéllos son "malos", tenemos casi la certeza de complicaciones y repeticiones de búsquedas, trámites y un sin fin de esfuerzos. Hay una voz en tu interior, cuando uno analiza situaciones serenamente, que te da las pautas más justas de lo que se debe hacer y lo que no. Entre mayor sea tu preparación moral, más ajustada será tu tabla de valores a aplicar y más sabias serán siempre tus decisiones.
Uno gobierna, decide cuáles son sus hábitos; no como los animales, que actúan solo por instinto. Por tanto, al gobernar la vida, podemos incorporar solo buenos hábitos en nuestro comportamiento y depurar lo negativo en cuanto se detecta.
Detonantes:
El "oído" debe estar presto para detectar en qué momento estamos incidiendo en hábitos que molestan a otros o nos perjudican a nosotros mismos; a veces es la gente quien te señala malos hábitos tuyos, y hay que saber reaccionar. Sin esa actitud sensible, no nos estaríamos dando cuenta del montón de gestos y actos a corregir (la vida de un necio). Hay muchísimos hábitos que corregir: dejar puertas abiertas, tirar las puertas en vez de cerrarlas, silbar o chiflar a las personas en vez de ir donde ellas y decir lo que corresponda, dejar las cosas donde sea, perder las llaves, dejarse el lapicero ajeno, dejar tirados los zapatos, escupir, no llevar la ropa sucia al lugar dispuesto, molestar a otros con el volumen de nuestro aparato de sonido, emitir sonidos como eructos, comer con la boca abierta...en fin, hay montones de ejemplos todavía más detestables y graves.
Análisis:
Una vez detectada la situación gracias al detonante, hay que reaccionar (no estamos muertos) analizar causas, efectos, opciones, decisión y estrategia; el resto es compromiso y persistencia.
Ejemplo:
"Acostumbraba llegar a San José tan ajustadamente, que los 7 minutos que me separaban de la terminal del bus de Tibás al Banco eran el tiempo justo para marcar mi tarjeta antes de los 5 minutos de tolerancia que daba la institución cuando había lluvia. Eso sí, esos 7 minutos debía transitarlos corriendo; era un trote más o menos pausado, pero jamás un caminado decente y correcto. Dentro del trayecto, me metía por el Pasaje Jiménez y así ganaba tiempo, solo que era un sitio estrecho y con cierto desnivel en bajada.
Un día tuve un leve resbalón en un charco y al desviarme hacia la pared para sostenerme y seguir en la carrera, se me interpuso una anciana que venía en sentido contrario; no sé cómo logré esquivarla y la cosa no pasó a más, pero detuve mi carrera para disculparme. Ahí medí las consecuencias de mi locura. Un hombre encorbatado, casi de 30 años en esas carreras, en esas angustias y con esos riesgos. Ese día reanudé mi recorrido caminando y pensando solo en ese acontecimiento; está de más decir que llegué tarde al trabajo y me regañaron como a un niño.
Aún trabajando, meditaba que ocupaba salir de mi casa 10 minutos antes y todo estaría solucionado; pero, para salir de mi casa 10 minutos antes, debía desayunar 10 minutos antes, y para desayunar 10 minutos antes debía bañarme 10 minutos antes...y así sucesivamente en varias actividades, hasta la hora de despertarme y levantarme. Me lo propuse. Puse el despertador que no solía utilizar y me prometí realizar el proceso al día siguiente a ver cómo me iba. Al día siguiente me despertó el relojito y me levanté ágilmente, para hacer luego mi rutina normalmente, solo que 10 minutos antes en cada face. Al marcar mi tarjeta, pude ver, con gran satisfacción, que marqué 10 minutos antes.
Qué fácil fue el proceso y qué gran alivio diario me gané para siempre, porque luego de esto vino la persistencia, hasta que, una semana más adelante, no necesité más del relojito despertador pues ya mi organismo se acostumbró a las nuevas condiciones".
Luego de esto conocí un folleto titulado "Cómo los Ejecutivos Toman Decisiones" y no recuerdo cómo va, pero no lo olvido porque me mortificaba que no tildaron "cómo". Ahí destacaban esta frase de Howard Nelson: (parafraseo) "la mayoría de mis éxitos los debo a llegar suficientemente temprano a las reuniones".
Más adelante volví al relojito y aumenté el tiempo para darme más holgura, de manera tal que, como los que viajan desde otras provincias, era el primero en llegar a la oficina. Y aún más, cuando empecé a correr deportivamente a diario, a los 33 años, madrugaba, y esa rutina no interrumpió, más bien, mejoró y consolidó mi costumbre de llegar temprano a la oficina y fortaleció mi sincronización con cualesquier actividad.
Y sí, la puntualidad es un componente de la cadena de eventos que llevan al éxito. Dicen que la puntualidad es una forma de respeto al tiempo de los demás y es cierto; también abarca tu propio respeto y dignidad. La puntualidad evita que te tengan que esperar o empezar sin vos; aún más, al puntual lo pueden agregar, consultar, incluir.
Preparáte, porque La Biblia tiene montones de Mandamientos, Preceptos, Proverbios y Consejos que requieren cambio y fortalecimiento de tus hábitos, de lo contrario no podrás transitar tranquilamente por el Sendero de la Salvación.
-
A LA MEMORIA DE MIS PADRES:
Mi madre, con sus extensos y sabios sermones; y mi padre con su patente ejemplo, ¡reinan como colofón en el pedestal de mis valores!; porque mis padres y los demás formadores de esa generación, pusieron hermosos adoquines, barandas y luces en el camino que me tocó transitar hasta hoy, cuyo beneficio y buen resultado ha quedado probado con mis pasos, como verdaderas primicias.
Igual tarea formativa compete y corresponde a mis coterráneos, familia por familia, barrio por barrio, institución por institución, sociedad por sociedad, todos en espiral, en un ciclo sin fin...es mi ambicioso consejo.
-
TRABAJAR VALORES MORALES:
Los valores morales no son una imposición, hay que inculcarlos, y ello conlleva una laboriosa tarea llena de determinación, estrategia y paciencia.
Los valores no cambian, lo que cambia es la estrategia; y si notamos algún cambio en el manejo que de ellos hace la sociedad, de seguro será por su corrupción, ¡cuidado, porque estarán llamando bueno a lo malo y malo a lo bueno!
Tampoco son los valores algo que se nos ocurra; son elementos que vamos identificando en los hechos como lo ideal y necesario, momento en el que se gesta el compromiso de pulirlos y poner dicha semilla en nuestros semejantes (Prov. 22:6).
Renunciar a la tarea de inculcar valores es entregar a nuestros semejantes y descendientes al bamboleo moral que fácilmente es penetrado por el mal.
-
Me gusta ir directo al punto, sin ambages, pero primero me armo de cálculo y prudencia, para darme tiempo de admirar, comparar y evaluar, no vaya a ser que el atolondramiento desajuste todo y la situación se arruine; con prudencia asumo una actitud parecida a la que se requiere en un museo ante las obras de arte.
-
Los postulados bíblicos, griegos, chinos, hindúes, árabes y de otras culturas son excelentes marcos de valores como para que esta Humanidad, si los atendiera, estuviera en la cima de la estabilidad espiritual y socioeconómica (otro gallo cantaría), solo que el hombre mismo corrompe esas directrices y así se genera el declive que nos agobia.
Yo privilegio el marco bíblico por sobre los demás, pero aún así, el resultado no es alcanzado por nuestra civilización; bajo su influencia, y no debido a ella, hemos sufrido la misma degradación que en las demás propuestas. ¡Algo malo hay en el Hombre!.
Esas filosofías evidencian que el hombre sabe vislumbrar el camino correcto, solo que falla en su andar, envilece lo sublime y luego se revuelca en el turbio charco.
La Escritura tiene su axioma (y el remedio), lo que falta es compromiso, gallardía y templanza.
¿Cuándo la sociedad, me refiero al liderazgo, reconocerá que está enferma espiritualmente y que le es imposible recuperarse por más utopías que persiga?
Mientras, alcanzará cualquier éxito momentáneo a costa del sufrimiento de otros o de la naturaleza.
Sin el seguimiento de Mandamientos Celestiales dentro del ser de las personas, el hombre seguirá dando trompicones, pese a tener la solución empolvándose en bibliotecas y librerías.
-
SOMOS SILUETA O MEME DE LO QUE DEBERÍAMOS:
La actividad humana en general y sus desechos biológicos, sumados a los industriales y los químicos son una "herencia" nefasta para el Planeta.
Rechazo las conspiranoicas medidas que se farfullan acerca de la élite mundial, pero también me parece que sí debe tomarse acción inmediata para un cambio drástico, mundial y radical. Y dicho cambio debe ser a costa de la comodidad de los menos y el ordenamiento de los más, de manera tal que se contenga esta degradación brutal. Y más drásticamente debe proceder cada uno de nosotros no solo con sus remanentes sino analizando y discriminando de qué tipo de empresas adquiere productos. Hay que ser muy beligerante y no ceder un ápice en la defensa del futuro de la humanidad, pero la conciencia de que esta debe ser una posición colectiva y mayoritaria hace que muchas veces asumamos una posición convencional en el diario vivir, pues solemos considerar que nuestra propia vida no es algo trascendental dentro de la multitud. Esa multitud nos coloca, a veces, en una posición de silueta o meme (sombra en pose) de lo que es un luchador de aquella índole, pues nuestros gritos no encuentran eco en las calles, hogares, medios de comunicación y oficinas de todo tipo.
-
Opinar:
Opinar es emitir las palabras ordenadamente desde el fondo del corazón pero debidamente tamizadas por el entramado cerebral.
Simultáneamente, la conciencia asigna un especial papel a los valores, entre ellos: prudencia, sinceridad y La Verdad.
Todo este juego de pesos y contrapesos borbotea en nuestro ser a razón de micras de segundo, y su congruencia da sentido a nuestras expresiones.
Caso contrario, estaremos contaminando, dificultando y farfullando contra todo entendimiento, discurso o conversación.
-
Inteligente+Aplicada.
La inteligencia se abre paso en cualquier circunstancia: en la pobreza, en la guerra, en la emergencia, y en sus contrarios.
Por lo anterior, yo solo veo completo el término Inteligencia si es unido a Aplicada; me explico: persona inteligente produce frutos si, además, es persona aplicada.
No ser aplicada equivale a dejar al acaso el don que recibió del Creador.
Puedo ser contradicho por alguien hábil en el uso del lenguaje o con conocimiento filosófico, pero de aquí nadie me saca: inteligencia+aplicación=triunfo.
-
Dos palabras de adivinanza:
HEWHAY
AUHSHAY
-
Es tarde en una noche oscura y te toca pasar por una callecilla solitaria en la que, se dice, asaltan con puñal en mano.
Conforme avanzás, ves salir de las sombras un tipejo mal vestido y con ese caminado que caracteriza a los personajes de mala fama.
No tenés opción, pues no podés devolverte ni guarecerte en ningún lado, se tendrán que cruzar los caminos de ambos.
1. Si tenés valor para no inquietarte, creer que talvez no ocurra nada o tengás la oportunidad de esquivar un ataque o que el puñal no toque un órgano vital, sós fuerte y valiente, no necesitás de un Ser Superior para pedirle auxilio.
2. Si, con temor, te encomendás a un Ser Superior para que te proteja, es que sós creyente, que creés en su intercesión. En este caso, te pregunto: si creés ¿Porqué no lo amás con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas y seguís sus Mandamientos con fervor?¿Será que creés en un Padre bombero, solo útil para las emergencias?
Conforme avanzás, ves salir de las sombras un tipejo mal vestido y con ese caminado que caracteriza a los personajes de mala fama.
No tenés opción, pues no podés devolverte ni guarecerte en ningún lado, se tendrán que cruzar los caminos de ambos.
1. Si tenés valor para no inquietarte, creer que talvez no ocurra nada o tengás la oportunidad de esquivar un ataque o que el puñal no toque un órgano vital, sós fuerte y valiente, no necesitás de un Ser Superior para pedirle auxilio.
2. Si, con temor, te encomendás a un Ser Superior para que te proteja, es que sós creyente, que creés en su intercesión. En este caso, te pregunto: si creés ¿Porqué no lo amás con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas y seguís sus Mandamientos con fervor?¿Será que creés en un Padre bombero, solo útil para las emergencias?
-
LUCHA EN BUSCA DEL BIEN:
1.
Como Kant, los posteriores, y los anteriores (desde griegos hasta orientales), pienso que un fin fundamental y radical del comportamiento humano es sujetarse a La Moral. Normas, valores y costumbre; es lo ideal.
Los "manuales de vida" epicúreos, estoicos, himalayos, hindúes, ruistas, etc, son atractivos y sabios, pero dejan al libre albedrío su aplicación y adolecen de ejemplos y guías para "seguir los pasos".
2.
¿Y quién define cuáles son los parámetros de dicha virtud?
Cada persona, entidad y gobierno puede establecer distintas dimensiones, intensidades y límites en cada manifestación de la moral; lo cual produce, obviamente, desconcierto en las escalas para medir y pareciera demostrar la futilidad de toda esa estructura de valores de sabiduría humana. Sostienen que "hay valores morales perfectos siempre verdaderos", pero de nuevo nos estrellamos con el poder y la subjetividad que caracterizan la actividad humana, aspecto que encoge y estira los parámetros para acomodarlos a propia conveniencia.
3.
Por lo anterior, yo me mantengo en la sujeción y sumisión a los valores bíblicos, siguiendo los pasos del Hijo. Solo pido fraternal y vehementemente a los eclesiásticos, editores, predicadores y traductores que no alteren la pureza de La Palabra, no sea que con alteraciones y acomodos irremediablemente nos lleven a aceptar que "lo bueno es malo y lo malo, bueno".
Muchos rechazan que se interponga el temor a las consecuencias para lograr que la persona haga el bien, pero ese es un método probado y sumamente preventivo.
4.
La Humanidad está a expensas de las consecuencias que acarrean las acciones supremas de organismos como lo otán o sus bloques competidores de Asia y Oriente Medio. "Todos" manejan su propia moral y están muy por encima de cualesquier otro sistema que pretenda buscar una mejoría real. Mientras tanto, el bajo mundo de la diversidad, las drogas, los mercaderes de la fe y ciertas "artes faranduleras" del escenario se encargan de mantenernos con los ojos vendados.
5.
Mi predilección por los valores bíblicos tiene su razón en que estos traen aparejados múltiples ejemplos que demuestran los beneficios obtenidos en el sometimiento, y las consecuencias inevitables de su desobediencia.
Y, lógicamente, también pido a quien ose confesar que ama al Creador, que entonces estudie y obedezca drásticamente los Mandamientos tal como enseñó el Hijo, caso contrario tan solo llegará a ser "cristiano o feligrés tibio".





No hay comentarios:
Publicar un comentario